¿Cómo la publicidad transforma territorios?

La mirada fresca de Calú Sarroca en el conversatorio de turismo en O’Higgins

En el marco del conversatorio sobre turismo sostenible y regenerativo, la publicista y docente Calú Sarroca ofreció una charla provocadora y fresca titulada “¿Cómo la publicidad transforma territorios?”. Desde su condición de “turista” en la región, invitó a mirar lo cotidiano con otros ojos, a reconocernos en lo que parece obvio y a entender que la publicidad, cuando se conecta con la identidad, no se trata de slogans vacíos, sino de relatos colectivos capaces de transformar lugares en experiencias vivas.


Mirar con ojos de turista: el primer paso

El punto de partida de Sarroca fue una invitación sencilla pero poderosa: convertirse en turistas en nuestra propia tierra.
Cuando habitamos un territorio, tendemos a naturalizarlo, perdiendo la capacidad de asombro. Sin embargo, lo que para la comunidad local es rutina, para un visitante puede ser un hallazgo cultural.

“Hay cosas ocultas que merecen ser descubiertas. Nos cuesta creernos el cuento.”

Esta mirada fresca abre la puerta a reconocer lo extraordinario en lo cotidiano: los sabores de la cocina campesina, los ritos de barrio, los paisajes pequeños que nunca entran en las guías turísticas.


El “fenómeno recetas”: creatividad como identidad

Uno de los ejemplos más llamativos que compartió Sarroca fue el llamado “fenómeno recetas”. Cuando personajes internacionales critican o se burlan de Chile, la respuesta viral suele ser llenar sus redes sociales con recetas tradicionales: cazuela, pan con palta, arroz con huevo.

Lo que podría parecer un simple meme revela, en realidad, una forma de defensa identitaria creativa. Chile se reconoce a sí mismo en la cocina, responde con humor y convierte la ofensa en visibilidad cultural.

Aquí se esconde un aprendizaje para el turismo: la gastronomía no solo alimenta, cuenta historias y construye comunidad. Y esas historias, cuando se comunican con ingenio, pueden transformarse en experiencias turísticas con alto valor simbólico.


Publicidad lateral: de la necesidad al relato

Sarroca insistió en que la publicidad con impacto territorial no inventa; conecta necesidades reales con rasgos locales.

Mostró tres casos paradigmáticos:

  • El Sol como marca turística en destinos que venden bienestar a partir de la luz.
  • Harvest Hosts (EE. UU.), que conecta viajeros en casas rodantes con granjas y bodegas mediante una membresía accesible.
  • El Palau Pledge, donde cada visitante firma un compromiso ambiental al entrar en la isla, convirtiendo la “campaña” en un acto político y cultural.

La lección es clara: lo que hoy mueve al turismo no es solo la estética, sino la coherencia entre relato, experiencia y propósito.


Circuitos colaborativos: extender la estadía

Un dato clave compartido en la charla: en muchas comunas de la región la estadía promedio es de 3 días, mientras que otros destinos logran retener al visitante por 5 o más.

¿Cómo cambiar esto? Para Sarroca, la respuesta está en articular circuitos colaborativos, no en iniciativas aisladas. Artesanos, viñateros, surfistas, cocinerías y alojamientos pueden trabajar juntos para diseñar rutas que combinen oficios, sabores y paisajes.

La publicidad, en este contexto, no es un cartel en la carretera, sino una estrategia narrativa compartida que da coherencia a la oferta.


Territorios conceptuales: investigar antes de crear

Cada emprendimiento turístico, planteó Sarroca, necesita nacer de un territorio conceptual. Esto implica investigar en profundidad qué hace único al lugar, cuáles son los símbolos más potentes y cómo transformarlos en relatos que conecten con visitantes.

De allí emergen las ideas fuerza: frases, slogans o conceptos que condensan lo que se quiere transmitir. Pero no basta con inventarlas: deben ser pertinentes, fieles y coherentes con la identidad local.

En este sentido, la publicidad se vuelve un puente entre observación e innovación, capaz de transformar un oficio o un paisaje en una marca viva.


Casos inspiradores: aprender mirando afuera

Para ampliar la mirada, Sarroca compartió ejemplos internacionales que pueden servir de inspiración:

  • Colombia, que usó la migración de animales como relato turístico.
  • El renacimiento del Carmenère en Chile, un vino extinto en Burdeos que aquí encontró su segunda vida.
  • Cumpeo, un pueblo que parecía no tener nada y en realidad lo tenía todo: un ejemplo de cómo resignificar lo propio.

Estos casos muestran que el turismo no necesita “copiar” experiencias, sino traducir su identidad en historias atractivas.


Gastronomía: un libro abierto para el mundo

Para Sarroca, la cocina local es quizás el recurso más directo y universal para comunicar territorio. Los sabores, los ingredientes y las recetas campesinas pueden transformarse en capítulos de un relato abierto al mundo.

Un pan amasado con historia, una colación a precio justo o una cazuela preparada en fogón son mucho más que comida: son formas de hospitalidad que generan conexión emocional.


Cierre: apropiarse con chispa de lo cotidiano

La charla cerró con humor y un mensaje serio: Chile tiene chispa, ingenio y recursos culturales para rato. La clave está en apropiarse de lo cotidiano, contarlo con gracia y transformarlo en experiencias turísticas memorables.

“Las papas fritas ya no son francesas, po’. Son chilenas.”

El llamado final de Calú Sarroca fue a atreverse: a mirar con otros ojos, a colaborar en vez de competir y a crear relatos con propósito. Solo así la publicidad deja de ser adorno y se convierte en un verdadero motor de transformación territorial.


👉 Esta fue otra jornada donde quedó claro que turismo, creatividad y comunidad no se piensan por separado. Lo que nos enseñó Calú Sarroca es que la publicidad puede ser un acto de autoestima colectiva: un espejo que nos devuelve lo que somos y que, al mismo tiempo, invita al mundo a venir a descubrirlo.

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