Hace unos días fuimos parte de un conversatorio donde la región de O’Higgins se miró a sí misma desde una pregunta potente: ¿cómo convertir nuestra identidad, nuestro patrimonio y nuestra creatividad en motores del turismo sostenible? Lo que sucedió en esa sala fue más que un intercambio de ideas: fue un tejido entre comunidad, academia, sector público, privados y estudiantes, todos buscando caminos para un turismo que no solo atraiga visitantes, sino que fortalezca a las comunidades.
La identidad nace en la comunidad
Uno de los primeros consensos fue claro: la identidad no se define desde afuera, se construye desde adentro. Los elementos que nos diferencian solo pueden ser reconocidos y validados por quienes habitan el territorio. La academia aporta metodologías y marcos, pero son las comunidades quienes saben qué festividad, qué oficio o qué costumbre es verdaderamente identitaria.
Se habló de patrimonio material (arquitectura, técnicas constructivas, artesanías) e inmaterial (festividades, música, memoria oral). Ambos requieren cuidados distintos: mientras el material muchas veces necesita intervención de especialistas para su conservación, el inmaterial vive y evoluciona con la gente, sin dejar de ser parte de la identidad local.
Del “insight” al producto turístico
Desde la publicidad llegó un concepto interesante: el insight, aquello que la gente siente y dice en lo cotidiano. Captar esas frases, esas emociones, es el punto de partida para diseñar un producto turístico auténtico. No se trata de inventar desde cero, sino de transformar lo que ya se vive en experiencias memorables.
La creatividad, entonces, no es solo imaginación: es poner en valor lo que ya somos, empaquetarlo en relatos y experiencias que puedan compartirse con el visitante.
Accesibilidad e inclusión: un deber ineludible
Una de las preguntas del público abrió un tema crucial: la inclusión en turismo. La respuesta fue contundente: ya no es opcional, es un deber. Ejemplos como playas adaptadas con rieles para sillas de ruedas, teleféricos inclusivos o señalética táctil para personas no videntes muestran que la accesibilidad no es un “extra”, sino parte del diseño mismo de un espacio turístico.
Se destacó que este enfoque no solo amplía derechos, también abre mercados: familias, adultos mayores, personas con TEA o movilidad reducida forman un público creciente. En octubre, San Fernando será sede de un congreso de turismo accesible, lo que confirma la importancia que está tomando este tema en la región.
Turismo sostenible y regenerativo: más allá de la moda
Otro momento clave fue la discusión sobre las diferencias entre sustentable, sostenible y regenerativo:
- Sustentable: mantener el equilibrio económico.
- Sostenible: sumar equilibrio económico, social y ambiental.
- Regenerativo: dejar el territorio mejor de lo que estaba.
Este último concepto se asocia a experiencias profundas, como convivir con comunidades indígenas en el sur de Chile o participar en la fiesta Tapati en Rapa Nui. Se habló de indicadores concretos: porcentaje de gasto en proveedores locales, empleo comunitario, circularidad de insumos, medición de huella de carbono y gobernanza local. El desafío está en que el turismo chileno incorpore estas prácticas de manera sistemática.
Orgullo y autoestima territorial
“Un pueblo sin autoestima que se olvide del turismo”, dijo uno de los expositores. Y la frase quedó resonando. La hospitalidad se asocia directamente al orgullo por el territorio. Se ejemplificó con prácticas de otras ciudades y países, donde desde el colectivero hasta el banquero muestran amabilidad y conocimiento. En O’Higgins, recuperar ese sentido de pertenencia puede marcar la diferencia entre un servicio frío y una experiencia memorable.
Consejos a estudiantes y emprendedores
A los jóvenes técnicos en turismo se les llamó a especializarse: hotelería boutique, ecoturismo, eventos, deportes náuticos. No se trata de abarcar todo, sino de profundizar en un área y volverse referentes. También se les animó a ser articuladores de relatos territoriales, conectando servicios y contando historias que den sentido al paisaje.
A los emprendedores se les recomendó no diseñar su oferta desde el gusto personal (“me gustan las empanadas, entonces vendo empanadas”), sino desde la demanda real y las narrativas identitarias. Se habló de innovación a partir de conexiones inesperadas, como reutilizar residuos de la uva para crear nuevos productos, o cocinar con técnicas ancestrales como la ceniza.
Frases que quedaron como legado
En la ronda final, los panelistas se la jugaron con frases cortas pero poderosas:
- “Creámonos el cuento: somos valiosos como territorio y como personas.”
- “Abre tu mente y comprende el territorio.”
- “Santa Cruz: todo por hacer.”
- “La identidad deja de ser paisaje cuando se convierte en relato compartido.”
Cierre
El conversatorio nos recordó que el turismo no es solo un negocio: es también cultura, patrimonio, identidad y orgullo. Pero al mismo tiempo sí es un negocio, y para que funcione debe innovar, diferenciarse y responder a mercados cada vez más exigentes.
En Apaño creemos que lo memorable sucede cuando la comunidad se mira a sí misma, descubre lo que la hace única y lo comparte con el mundo. Eso fue este conversatorio: un ejercicio de reflexión colectiva, de autoestima territorial y de creatividad aplicada al futuro del turismo en O’Higgins.
Conversatorio – ‘De la Magia de los Pueblos a la Marca Regional: identidad que trasciende’ (Modera: Tomás Díaz; Panelistas: Orlando Araque Pérez, Víctor Cordero, Calú Sarroca, Felipe Bravo, Jorge León)

