Cultura, Identidad y Territorio: Bernardo Muñoz y los Fundamentos Antropológicos de un Turismo Regenerativo

El pasado conversatorio sobre turismo sostenible en la región de O’Higgins dejó un momento inolvidable: la charla del antropólogo Bernardo Muñoz, titulada “Cultura, Identidad y Territorio: Fundamentos Antropológicos para un Turismo Sostenible y Regenerativo”.

Lejos de ser una exposición académica fría, Bernardo se propuso provocar —en el buen sentido— a quienes lo escuchaban. Con anécdotas, comparaciones y ejemplos concretos, nos llevó a pensar en qué significa realmente hablar de turismo sostenible cuando la cultura y la identidad están en juego.


La cultura como cuarta variable de la sostenibilidad

Bernardo comenzó recordando que solemos entender la sostenibilidad como un equilibrio entre tres elementos: economía, población local y medio ambiente. Sin embargo, desde su mirada antropológica añadió una cuarta dimensión indispensable: la cultura.

“No hay cultura sin territorio, no hay identidad sin territorio”, subrayó.

Al incluir la cultura en este “cuadrilátero de la sostenibilidad”, el turismo deja de ser solo negocio y conservación ambiental. Se convierte en un proceso de autoconocimiento colectivo, donde la forma en que un pueblo se reconoce a sí mismo define también la experiencia que ofrece al visitante.


Orgullo e identidad territorial

Para ejemplificar, Bernardo recordó su propia raíz iquiqueña:

“Ser chileno es un orgullo, ser iquiqueño es un privilegio.”

Mostró cómo distintos lugares en Chile y el mundo se construyen sobre frases y símbolos identitarios: Arica como “la ciudad de la eterna primavera”, Valparaíso como “la joya del Pacífico” o Brasil con su espíritu siempre alegre, incluso en las favelas.

Su mensaje fue claro: cada comunidad debe encontrar sus propias máximas, esos relatos que transmiten orgullo, pertenencia y autoestima. Sin ese piso emocional, el turismo nunca podrá consolidarse como motor de desarrollo.


Industria creativa, benchmarking y branding

Uno de los aportes más provocadores de la charla fue la insistencia en que el turismo no puede pensarse solo desde la infraestructura o los servicios. Debe integrarse con la industria creativa: gastronomía, música, artes escénicas, artesanía, oficios y expresiones culturales.

Además, planteó dos herramientas claves:

  • Benchmarking: aprender de experiencias comparadas (como Cuzco en turismo indígena o los sitios de memoria en Alemania).
  • Branding: construir una marca de destino reconocible y coherente.

En palabras simples: mirar hacia afuera para aprender, pero mirar hacia adentro para diferenciarse.


Del turismo sostenible al regenerativo

Bernardo diferenció tres conceptos que muchas veces confundimos:

  • Sustentable: equilibrio económico.
  • Sostenible: equilibrio económico, social y ambiental.
  • Regenerativo: experiencias que dejan al territorio mejor de lo que estaba antes de ser visitado.

Aquí introdujo la noción de respeto mutuo: el visitante cuida el lugar y la comunidad lo recibe con hospitalidad genuina. El turismo deja de ser consumo para convertirse en relación y reciprocidad.


Circuitos, no iniciativas “guachitas”

Uno de los puntos más insistentes fue la importancia de diseñar circuitos turísticos articulados y no proyectos aislados.

“No se puede actuar guachito”, citó de un colega.

La lógica es simple: si un visitante gasta $50 en un día, puede gastar $150 en tres días si encuentra una ruta bien pensada que lo invite a quedarse. Eso requiere colaboración entre comunas, sectores productivos, organizaciones culturales y actores privados.

Un ejemplo inspirador fue la Ruta de los Abastos, primer circuito chileno con sello de patrimonio alimentario, que demuestra cómo la identidad culinaria puede transformarse en producto turístico de alcance internacional.


Metodologías participativas: escuchar antes de mostrar

La charla también abordó la importancia de que el turismo no se imponga sobre las comunidades. Contó la experiencia de San Pedro de Atacama, donde algunas comunidades pidieron no mostrar las tumbas ancestrales para evitar saqueos.

Ese gesto, explicó, no fue un obstáculo, sino una lección: el consentimiento y la reciprocidad son pilares del turismo con respeto. La antropología puede ser el puente entre comunidades y políticas públicas, generando metodologías que respeten la voz local.


Cambio climático y ética turística

El cierre fue un llamado urgente: el cambio climático está transformando las condiciones del turismo en Chile. Sequías, olas de calor, reducción de nieve e incendios forestales obligan a pensar estrategias a largo plazo.

No se trata solo de gestionar la experiencia turística, sino de hacerlo con una ética basada en la Pachamama, entendiendo que el turismo es un bien común que debe garantizar bienestar no solo hoy, sino para hijos y nietos.


Lo que nos dejó la charla

La intervención de Bernardo Muñoz fue un recordatorio de que el turismo no puede reducirse a infraestructura, marketing o números de visitas. Es, ante todo, un proceso cultural y humano.

Su invitación a pensar desde la antropología abre una perspectiva donde el turismo sostenible y regenerativo se construye con:

  • Cultura y orgullo territorial como punto de partida.
  • Creatividad e innovación como motores de diferenciación.
  • Hospitalidad, respeto y participación comunitaria como principios éticos.
  • Planificación colaborativa como estrategia para crecer sin perder el sentido.

Un turismo así no solo atrae visitantes: fortalece comunidades, cuida territorios y deja huella positiva para el futuro.

<<  volver al inicio