La visión de Daniel Olguín en el conversatorio de turismo en O’Higgins
El diseñador y docente Daniel Olguín abrió su charla con humor, naturalidad y una idea central: el turismo cambió de paradigma, y para afrontarlo necesitamos diseño, autenticidad y sentido. Su exposición “Formar para Inspirar: Turismo con Sello Local” fue un recorrido desde la teoría hasta ejemplos concretos de cómo la creatividad y el diseño de experiencias pueden transformar la forma en que la región se muestra al mundo.
Tres ejes para entender el nuevo turismo
Olguín planteó que hoy el turismo se sostiene en tres claves:
- Cambio de paradigma: la irrupción de la inteligencia artificial, las redes sociales y los algoritmos obliga a emprendedores y destinos a estar visibles en Google Maps, sitios web y plataformas digitales.
- Autenticidad: la experiencia turística debe ser real, fiel al territorio y coherente con su identidad.
- Sentido: cada visita tiene que conectar emocionalmente con las personas, generar memoria y dejar huella.
El turismo ya no es solo recorrer, es vivir una experiencia integral, con momentos previos, durante y posteriores que pueden ser diseñados.
El diseño como herramienta de transformación
Para Olguín, el diseño no es cosmética, es transformación de realidades. Desde la disciplina del diseño de servicios, explicó que la experiencia turística se construye en capas: bienvenida, recorrido, interacción y despedida. Cada fase debe pensarse para crear hospitalidad y satisfacción.
“Todo lo evaluamos: le ponemos estrellitas a un evento, a un alojamiento, a una comida. Esos datos nos dicen dónde poner foco.”
El diseño estructura esas interacciones y permite que los visitantes se sientan acogidos en todo momento.
Territorio y creatividad: el valor está en lo local
Olguín recorrió simbólicamente la región, mencionando puntos de interés que van desde la cordillera hasta la costa: Pichilemu, Santa Cruz, Navidad, Bucalemu, Chimbarongo, entre otros. Todos, dijo, son parte de una estrategia de desarrollo regional ya reconocida y pública.
La clave es no esperar que estos lugares aparezcan en televisión o en guías externas, sino apropiarlos y potenciarlos desde la propia comunidad.
Aquí el diseño se cruza con la economía creativa, un sector que representa el 2,2% del PIB nacional y que en países como Corea del Sur se ha convertido en motor económico. ¿Por qué no pensar que O’Higgins puede exportar su cultura, su música, su arte y su gastronomía con la misma fuerza?
Ejemplos que inspiran
Para aterrizar la idea, Olguín citó casos cercanos y globales:
- Kit Budú y la industria musical chilena: siete Movistar Arena llenos muestran cómo la creatividad genera economía real.
- Corea del Sur: en plena crisis apostaron por exportar su cultura y hoy lideran en música, cine, videojuegos y animación.
- Murales y arte urbano: en Rancagua y otras ciudades, los silos pintados y los murales en terminales son parte del patrimonio contemporáneo.
- Rutas del vino: más que degustar, se trata de vivir el paisaje, observar desde las alturas, sentir que la historia y el territorio se mezclan.
Cada ejemplo mostró que la hospitalidad y el relato son tan importantes como la infraestructura.
Propuesta: diseñar rutas y experiencias
Olguín subrayó que no basta con hablar de potencial, hay que hacer. Felicitó iniciativas como la marca de Sernatur “Lo Natural es Venir” y recordó proyectos valiosos como la Ruta de los Abastos, que puso en valor los sabores y productores locales.
“El turismo y la hospitalidad se diseñan. No es casualidad que en otros países nos atiendan tan bien. Eso es orquestar la experiencia.”
Mostró además una herramienta práctica: el mapa de viaje del usuario, donde se detallan etapas, acciones, elementos de diseño, objetivos y mediciones. Desde el kit de bienvenida hasta la evaluación final, todo puede planificarse para mejorar el impacto.
Medir para crecer
La propuesta incluyó indicadores concretos:
- Gasto medio por visitante.
- Tiempo de permanencia.
- Diversificación territorial.
- Participación de creativos locales.
- Preparación idiomática y cultural para recibir turistas internacionales.
Medir permite saber qué funciona, qué mejorar y cómo diversificar la oferta para distintas comunas de la región.
Cierre: inspirar con sello local
Olguín terminó con una reflexión poética sobre O’Higgins:
“Desde el silencio del bosque esclerófilo en la cordillera hasta la brisa salada del mar en Pichilemu, O’Higgins es una sinfonía de contrastes. Aquí el surf se cruza con el muralismo local, el vino con la cercanía ancestral, la historia con la tecnología. No visitas un lugar: te sumerges en un relato vivo.”
El llamado fue claro: formar profesionales, inspirar comunidades y diseñar experiencias con sello local. El turismo con identidad no solo atrae visitantes, sino que fortalece economías, genera orgullo y proyecta la región al mundo.
👉 En palabras simples, la charla de Daniel Olguín nos recordó que el turismo no se improvisa: se diseña, se mide y se inspira. Y que el gran desafío de O’Higgins es convertir su diversidad en rutas vivas, colaborativas y memorables.

