Liliana Guzmán: la mujer que convirtió su jardín en una farmacia natural

En Coya, al interior de Machalí, vive Liliana Guzmán Villavicencio, conocida en su comunidad como Wentuchefe, palabra mapuche que significa “quien da medicina”. Su casa, rodeada de verde, huele a romero, caléndula y orégano. Cada frasco, cada pomada y cada planta tiene una historia que se entrelaza con su propio camino de sanación.

“Yo empecé en esto porque tuve que sanarme a mí misma”, cuenta Liliana, recordando aquel viaje a Nueva Imperial, donde conoció a la machi Juanita, su maestra. Fue ella quien le enseñó a mirar las hierbas con respeto, a agradecerles y a pedirles permiso antes de tomarlas. “Con la machi salíamos a buscar hierbas. Ella se conectaba con cada planta y le decía para quién sería. Uno se enamora de las hierbas al ver todo eso”, recuerda.

De regreso en Coya, en 2006, fundó Herbas Medicina Natural, una pequeña marca artesanal donde el conocimiento ancestral se traduce en productos naturales y orgánicos: pomadas, gotitas, aceites, champús y jabones elaborados a partir de las plantas que ella misma cultiva, recolecta y macera. “Nada se pierde —dice—. Si Dios dejó las cositas aquí, es porque todo sirve para algo”.

🌱 El lenguaje de las plantas

Liliana no solo habla de hierbas, habla con ellas. En su patio crecen nísperos, ortigas, canelos, peumos, caléndulas, rudas y romeros, todos con una función específica. Del níspero prepara mezclas para la diabetes y el colesterol; del matico, pomadas cicatrizantes; del orégano, tinturas que ayudan con gastritis y acidez; y de la caléndula, casi todo: cremas, champú, aceites y remedios para la piel.

“Mientras más cortas la caléndula, más vigor toma la planta”, dice, mostrando una bandeja donde las flores se secan lentamente a la sombra. Sabe de tiempos y temperaturas. Cosecha entre el mediodía y la una, cuando el rocío ya se fue y las hierbas tienen su máximo potencial. Luego etiqueta cada lote con fecha, porque “las hierbas duran solo un año, después aparecen ácaros”.

Su proceso es meticuloso: pesa las plantas, las deja macerar durante un mes en aguardiente o licor blanco, las filtra y envasa. “Antes de empezar hago una rogativa, pidiendo que las hierbas den sanación a quien las necesite. Esa es la esencia de mi trabajo”.

🌺 Una escuela de vida

El aprendizaje de Liliana va más allá de lo medicinal. Habla de reciprocidad con la tierra. Cada vez que cosecha, devuelve semillas o granos como ofrenda, “alimentos mágicos para los dioses”. Ese gesto —dice— mantiene el equilibrio entre lo que se toma y lo que se entrega.

Hoy comparte sus conocimientos en escuelas y jardines infantiles de Machalí. Enseña a niños y niñas a reconocer las plantas, a preparar jabones y a sembrar huertos de hierbas. “Uno tiene que enseñar —afirma—. No puede guardarse lo que sabe. Los niños son los que hacen que las familias vuelvan a tener plantitas”.

🌿 Una herencia viva

Entre los frascos de su taller, Liliana guarda su “libro sagrado”: un cuaderno gastado donde anota fórmulas, medidas y combinaciones. Ahí están las recetas para la presión, la artritis, los bronquios o la piel. Pero también está su historia, escrita con tinta y hierbas.

“Hay personas que no te enseñan cómo hacerlo, pero esto no puede perderse. Mi maestra me dijo que debía transmitir lo aprendido, y eso hago cada día”, cuenta, mientras revisa un macerado de caléndula que ya cumple un mes.

Liliana Guzmán sigue sanando y enseñando desde su casa en Coya. No busca fama ni vitrinas, sino continuidad: que otros aprendan a mirar la naturaleza como una aliada.
Su jardín no es un negocio: es un legado verde que crece entre el aroma del romero y el silencio de las montañas.


📍 Dirección: Los Aromos 116, Población Bellavista, Coya, Machalí
📞 Contacto: +56 9 9000 6098
📧 Correo: liliannna2006@hotmail.com
🌐 Instagram: @herbas_medicinatural
🌐 Facebook: Herbas Medicina Natural

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